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  Al contemplar un Berner Sennenhund, se destaca la armonía de su conjunto. Sólida estructura, andar potente y majestuoso, lo que ha llevado a que sobre el se escriba “es el perro mas hermoso del mundo”.

El origen del Boyero de Berna se remonta a los molosos orientales, descendientes del mastín tibetano. Se dice que llegaron acompañando a los soldados romanos, quienes los usaban como perros de combate y los mandaban al asalto dotados de un collar con puntas de hierro. Se han encontrado imágenes en arcilla de la época, lo que sirve para demostrar su antiguo origen.

Para comprender la gran necesidad que los ganaderos suizos tenían de un perro potente y masivo para la defensa de su ganado, basta recordar que hace dos mil años Europa central estaba poblada de enormes bosques en los que el hombre apenas se atrevía a penetrar. Aquel hábitat era la cuna de un gran número de alimañas depredadoras: osos, lobos, zorros y linces, que en cuantioso número infectaban los campos.

Sin embargo, el Boyero de Berna como lo conocemos hoy, se fue dando por la evolución de los canes del lugar para satisfacer las necesidades de los pobladores.

Tiempos atrás las tierras situadas en las estribaciones de los Alpes estaban en manos del clero y de la nobleza.

La prosperidad de estas regiones atrajo la mirada de gente como vagabundos y ladrones. Uno de los recursos que se utilizo para combatir estas amenazas fueron los poderosos perros que poblaban la región y se perfilaban como excelentes guardianes de persona y de ganado.

Desde los primeros momentos, el Boyero de Berna estuvo destinado al trabajo. Primero como perros guardianes y luego como excelentes ejemplares de tracción.

A mediados del siglo XIX la ganadería de la zona tuvo un auge espectacular. Los campesinos se encontraron sobrepasados por la demanda en lo referente al transporte de de su mercadería. Encontraron la solución en el Boyero de Berna. Les enseñaron a tirar carritos para el acarreo de bidones de leche. No les llevo mucho tiempo aprender esto, por lo que rápidamente se encontraron transportando todo tipo de mercaderías.

A principios del siglo XX, con la irrupción del automóvil, la raza se vio sumamente afectada, al punto de estar cerca de la extinción.
Este boyero estaría quizás desaparecido si no hubiera existido un hombre como Franz Schartenleib, verdadero apasionado por la cultura suiza, que fue capaz no solo de estudiar las razas caninas de su país, sino de recuperar los pocos ejemplares puros que quedaban. Logro, además, entusiasmar a un grupo de aficionados para iniciar con tenacidad su crianza.

Solo quedaban unos pocos ejemplares de Boyeros en la región de Durrbach, donde fueron exhibidos en exposiciones caninas en los años 1902, 1904 y 1907. Algunos criadores en Burgdorf (1907) decidieron criar la raza hasta lograr su pureza. Es asi que fundaron el “Club Suizo del Durrbach” y establecieron sus características.

En 1910, durante otra exposición canina en Burgdorf (a la que asistieron numerosos granjeros del área), fueron presentados 107 ejemplares.
Albert Heim, profesor de geología de la Universidad de Zurich, y criador de Terranovas, se intereso por la raza. Fue fundamentalmente gracias a el que el Boyero recobro su popularidad.

Una de las tareas del Profesor Heim fue reunir los ejemplares que existían en ese momento y determinar cuales eran los adecuados para criar. Otra de las tareas fue crear el Standard. El trabajo de Heim duro muchos años, ya que había perros muy distintos de tamaño, por lo que era necesario ponerse de acuerdo acerca de la talla.

También se le atribuye al profesor Heim la denominación actual de la raza, ya que paso de llamarse Durrbachler a Berner Sennenhund. Según Heim, esta denominación era más correcta, para poder ubicar a la raza junto a los otros tres boyeros suizos: el Gran Boyero Suizo, el Boyero de Appenzell, y el Boyero de Etlenbuch.